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En este artículo se recogen los resultados de una estudio realizado
a una muestra de 46 mujeres que ejercen la prostitución en Granada.
Los datos han sido obtenidos a través de entrevistas individualizadas
llevadas a cabo durante el año 99/00. Entendiendo que existen muchas
variantes de prostitución (masculina, infantil, militar, de lujo,
etc.), estos resultados hacen referencia a una prostitución marginal
y femenina, ejercida bien en prostíbulos y/o en la calle. Distinguimos
tres zonas: Zona A: prostitución ejercida en los prostíbulos
del Centro de la ciudad; Zona B: prostitución ejercida en la calle,
de noche, también en el Centro de la ciudad y Zona C: prostitución
ejercida en la calle a las afueras de la ciudad. Cada grupo presenta unas
características diferentes atendiendo al grado de deterioro que se
va a producir dependiendo de su adicción a las drogas y del ejercicio
o no de la prostitución en la calle.
INTRODUCCIÓN
Una de las formas de pobreza y marginación
más dura a la que una mujer se puede ver sometida es, sin duda alguna,
la prostitución. La entrada en la misma va a estar condicionada por
una serie de factores que, de forma conjunta, abocan a la mujer y la condenan
a vivir, en algunos casos casi toda la vida, en esta situación, con
los consiguientes efectos devastadores que sobre su salud física
y psíquica esto va a tener. Esta situación va a “marcar”
a la mujer en su personalidad, en sus relaciones interpersonales, en su
valoración como persona, en su forma de vivir y concebir la sexualidad
y la afectividad, en la percepción de su rol de mujer, etc.
La prostitución ha existido desde el inicio de la humanidad, siendo
considerada por muchos como “el oficio más antiguo del mundo”,
aunque no siempre como la conocemos y entendemos hoy. En un principio es
posible que los favores sexuales se intercambiaran por alimentos u otros
objetos de diferente valor. Es lo que podríamos llamar “paleoprostitución”
. En las sociedades primitivas era costumbre ofrecer, a la mujer, hija o
sirvienta al huésped como manifestación de hospitalidad. En
sociedades como Babilonia y la India y posteriormente en Grecia nos encontramos
con la Prostitución Sagrada. Más tarde la prostitución
se desacraliza y se transforma en un fenómeno social, objeto de comercio
y regulación.
Desde estos inicios hasta hoy día
el fenómeno de la prostitución ha estado regulado, prohibido,
tolerado, y a la prostituta se la ha considerado como pecadora, desviada,
degenerada, delincuente (tesis lombrosianas), víctimas del medio
social, etc., aunque siempre desde el punto de vista de gobernantes, sociedad,
autoridades y nunca contando con la opinión de las interesadas y
por supuesto siempre para el beneficio de otros (clientes, sociedad, etc.).
Aunque existen diferentes tipos de prostitución
(femenina, masculina, de lujo, militar, infantil, etc.) en este artículo
me referiré a una prostitución femenina y marginal, prostitución
ejercida en la calle y/o en prostíbulos, y a una prostitución
que afecta a mujeres que no tuvieron alternativas para poder optar.
A lo largo de mi tiempo dedicado al trabajo con estas mujeres nunca me he
encontrado con una sola que manifestase que ejerce la prostitución
porque le gusta, quiera hacerlo o porque piense que es un trabajo como otro.
Todas manifiestan, y sus historias de vida así lo confirman, que
han llegado a esta situación como consecuencia de la interrelación
de diversos factores (afectivos, educativos, culturales, sociales, económicos,
etc.), que de una u otra manera la han abocado a esta forma de vida.
Sí nos preguntamos que es lo que lleva
a una mujer a entrar en el mundo de la prostitución y a su posterior
permanencia en él, muchos de nosotros argumentaríamos razones
que nos pueden parecer muy válidas y nunca erróneas. ¿
Qué razones llevan a estas mujeres a vivir, en ocasiones gran parte
de su vida, esta situación de marginación y pobreza, de sometimiento,
de esclavitud y de humillación ?
He tenido la oportunidad de conocer muchas historias
de vida, tantas como mujeres con las que he contactado, tanto en prostíbulos
como en la calle. Cada una tiene una historia de sufrimiento, de abandono,
de marginación, de soledad, de graves carencias, de falta de oportunidades,
que le han dejado pocas, a veces ningunas, alternativas para poder optar
por otro modo de vida. Podemos decir, por tanto, que las mujeres a las que
nos referimos se encuentran en esta situación de manera forzada,
obligada por unos factores que en ningún momento les dejaron otras
alternativas y/o posibilidades de poder elegir de forma diferente. Podemos
hacer un perfil sin temor a equivocarnos mucho.
El ambiente social de donde provienen se caracteriza
por haber sido un entorno marginal: relaciones familiares conflictivas no
exentas de malos tratos y abusos; drogadicción, encarcelamiento,
paro en algunos de sus miembros; madres que ya ejercían la prostitución;
falta de cualificación profesional y bajo o nulo nivel cultural;
graves carencias afectivas; embarazos en su etapa de adolescencia; abandono
materno en las primeras etapas de su vida; falta de salidas ante una situación
de crisis; necesidad de subsistir en un lugar extraño; necesidad
de dinero para su problema de drogodependencia; el contacto con un proxeneta;
etc. Todos estos factores, de forma interrelacionados muchos de ellos, son
los que, con el tiempo, abocan a una mujer a entrar y, posteriormente, a
permanecer en el mundo de la prostitución, un mundo sin salida en
muchas ocasiones.
Todas estas situaciones influyen de forma muy negativa en la personalidad
de una mujer, máxime cuando esta mujer procede de un ambiente social
y cultural deprimido, donde los recursos personales no son movilizados,
potenciados. En definitiva, un ambiente donde no existen recursos “normalizados”
de socialización e integración.
ESTUDIO DE LA PROSTITUCIÓN EN
GRANADA
METODOLOGÍA
DE TRABAJO.
- Población: 46 mujeres que ejercen
la prostitución en tres zonas de la ciudad de Granada:
- Zona A: Prostíbulos del Centro de
la ciudad .
- Zona B: Paseo del Salón
- Zona C: Carretera de Jaén
- Instrumentos: entrevistas individualizadas.
- Calendario: octubre 99 – junio 00.
Dependiendo de la zona donde lleven a cabo
su trabajo podemos hallar diferencias entre ellas en cuanto a edad , precio
por servicio, presencia o no del proxeneta, dependencia o no a la heroína,
tipo de vivienda, hábitos alimenticios, etc. Aunque al hablar de
todas ellas hacemos referencia al mismo tipo de de prostitución,
es decir, prostitución marginal, aunque dentro de esta marginalidad,
podemos afirmar que existen distintos grados, dependiendo de que trabajen
en la calle o en los prostíbulos.
Respecto a los malos tratos, comprobamos
como la violencia en sus diferentes manifestaciones, está continuamente
presente en la vida de estas mujeres, ya sea a través del proxeneta
(sobre todo cuando la relación se ve impregnada por la droga), o
del cliente; estas mujeres sienten en su cuerpo la vertiente más
dura del androcentrismo que impera en nuestra sociedad.
Un alto porcentaje tiene o ha tenido problemas
con la justicia, este número se eleva si son drogodependientes.
El deterioro, tanto físico como psíquico, que presentan es
bastante acusado. Esto es debido a la carencias que presentan (afectivas,
económicas, sociales, culturales, etc.) y a los años que algunas
llevan ejerciendo esta actividad. . Nos podemos encontrar mujeres que comenzaron
hace 15/20 años a ejercer y todavía permanecen en esta situación
. Este desgaste, sobre todo psíquico, no nos pasa desapercibido.
•• ZONA A
Este tipo de prostitución es la ejercida
en los prostíbulos del centro de la ciudad. Al frente de los mismos
se encuentra la dueña de la casa, a la que tienen que pagarle un
porcentaje cada vez que llevan a cabo un servicio. Esta
señora ha sido a su vez prostituta pero en la actualidad y, debido
en la mayoría de las ocasiones a su avanzada edad, ya no ejerce
y si lo hace es de forma esporádica. Las edades de estas mujeres
oscila entre los 25/50 años.
Las mujeres acuden durante el día al prostíbulo
y regresan por la tarde-noche a sus hogares. El horario que permanecen
en el mismo oscila entre las 10/12 horas diarias.
Sus lugares de residencia lo tienen en otras
zonas de la ciudad. Este hecho les supone tener que llevar una doble vida
ya que muchas viven con sus hijos y/o familias que no saben a que se dedican.
La figura del proxeneta en este tipo de
prostitución no aparece, no queriendo decir con esto que el mismo
no exista, sino que no las acompaña mientras se encuentran en los
prostíbulos, como ocurre con otro tipo de prostitución que
más adelante veremos.
En este grupo no contabilizamos un alto porcentaje
de mujeres con dependencia a sustancias tóxicas (heroína,
hachís,....), aunque algunas, sobre todos las más jóvenes,
presentan dependencia al alcohol como amortiguador de esta situación,
según manifiestan. El consumo de tabaco es muy elevado, algunas
consumen 2/3 paquetes al día. La alimentación suele ser
irregular, aunque dentro de esta irregularidad se alimentan mejor que
las de los otros dos grupos. Su vida en estas circunstancias es muy sedentaria
lo que les suele producir fuertes dolores de espaldas, de piernas, etc.
En cuanto a los seguimientos y controles médicos,
es este grupo el que está más concienciado y acude más
a menudo a las revisiones periódicas que desde el Centro de Enfermedades
de Transmisión Sexual (CETS) se llevan a cabo. Aún así,
sigue siendo baja la frecuencia con la que acuden, teniendo en cuenta
que estamos hablando de un grupo de riesgo.
En relación a la vivienda, en este grupo
predominan las mujeres que viven en pisos de alquiler o vivienda propia.
También es importante destacar la presencia
de mujeres casadas que se dedican al ejercicio de la prostitución
durante algunas horas y algunos días a la semana con el objetivo
de aportar algunos ingresos a la unidad familiar, pudiéndose afirmar
que lo hacen de forma esporádica y algunas no por mucho tiempo.
Este hecho, con el tiempo, les afecta a la larga en sus relaciones sexuales
con su pareja.
Sí podemos ponerles grados a la marginación
podríamos afirmar que las mujeres que encontramos en este grupo
estarían dentro de un grado de marginación menor, siempre
en comparación con los otros grupos estudiados. De todas formas
el ejercer la prostitución en cualquiera de sus variantes ya supone
un alto grado de marginalidad. Con esto quiero decir que las mujeres que
ejercen la prostitución en los prostíbulos presentan ciertas
“ventajas” respecto a las que trabajan en la calle o en la
carretera: al estar en casas y ejercer durante el día encuentran
más seguridad, pueden pasar desapercibidas más fácilmente
debido a la privacidad que el prostíbulo les proporciona, el precio
por servicio suele ser un poco más alto (aunque esto va a estar
en función de la oferta del cliente), etc.
•• ZONA B
En esta zona enmarcamos a las mujeres que
ejercen la prostitución en la calle. Trabajan de noche y podemos
afirmar que “van por libre”, es decir, aquí no existe
la figura de la “dueña”, aunque si está muy
presente la del proxeneta, que la mayoría de las veces acude y
está con ella a lo largo de toda la noche. Ellos son los que van
a controlar el dinero que por cada servicio estas chicas ganen., y les
van a proporcionar una hipotética seguridad.
Las edades de esas chicas oscilan entre los 18/30 años. En este
grupo nos encontramos con bastantes drogodependientes, siendo el deterioro
más acusado que en las del grupo anterior. El horario de trabajo
es desde las 22/23 horas, hasta altas horas de la madrugada.
En cuanto a la vivienda, la mayoría
viven en pensiones, derribos o en la misma calle. Al estar más
desprotegidas que las chicas que ejercen en los prostíbulos, son
más vulnerables a todo tipo de vejaciones: malos tratos, violaciones,
robos, etc. Aunque a veces se quiere justificar la presencia del proxeneta
junto estas chicas como el de una figura de protección, lo cierto
es que éstos más que protegerlas lo que hacen es controlar
sus entradas de dinero y “administrarles” sus ganancias, teniendo
en cuenta que los malos tratos en muchas ocasiones provienen de estos
mismos.
El poder llevar a cabo cualquier tipo de
intervención con estas mujeres es más difícil ya
que al trabajar durante toda la noche duermen de día. Este motivo
da lugar a que no acudan a seguimientos médicos o lo hagan de forma
muy irregular. Todos estos factores hacen que no sea fácil incentivarlas
para que acudan a actividades u otro tipo de acciones tendentes a su reinserción.
El grado de marginalidad de este grupo
es más alto debido a su adicción a las drogas, a las características
de su vivienda, a su alimentación irregular y fuera de las horarios
normalizados, a su poca higiene, etc.
•• ZONA C
Este otro grupo de chicas ejercen la prostitución
en las carreteras. Su edades están comprendidas entre los 18/27
años. Aquí la prostitución es ejercida tanto de día
como de noche. De las 10 chicas con las que contacte todas eran drogodependientes.
Al estar en estos lugares, en ocasiones muy solitarios, da lugar a que
estén más expuestas y los riesgos que corren en cuanto a
su seguridad sean mayores. La mayoría se encuentra , durante el
tiempo que permanecen en la carretera, solas; constituyendo de esta forma
un grupo bastante vulnerable, hallándose exclusivamente a merced
del cliente.
Viven en la calle, en míseras pensiones
o en casas abandonadas. Apenas tienen control médico y junto con
las del grupo B son las más deterioradas tanto física como
psíquicamente.
RESULTADOS.
Como podemos observar de la mayoría
de las mujeres que ejercen la prostitución, el 60,8 %, tienen entre
25 y 45 años. Pasada esta edad el número disminuye. Las mujeres
de más edad ven disminuidos sus ingresos al trabajar menos ya que
si en el lugar donde se encuentran hay chicas más jóvenes,
van a ser estas las que mas ofertas reciban.
El grupo compuesto por las que no tienen
estudios y por las que no saben leer ni escribir representa un 78,2 %. Estamos
pues, ante un colectivo con escasísimas herramientas culturales para
participar en un mundo donde reina la competitividad laboral. La cualificación
profesional es muy escasa o nula, lo que les dificulta de manera poderosa
su incorporación al mercado laboral en igualdad de condiciones.
Las necesidades económicas alcanzan
el 54,2 % como causa de entrada en la prostitución. Estas causas
se deben en muchas ocasiones a que se produjo un abandono de la pareja,
pasando estos núcleos familiares a formar familias monoparentales.
Esto unido a la poca cualificación de la mujer y al poco o nulo apoyo
familiar facilitaron la entrada de ésta en la prostitución.
La drogadicción es otro de los factor
importantes de entrada en la prostitución; aunque nos podemos encontrar
mujeres que ejercen la prostitución para poder obtener ingresos económicos
para su consumo y otras que, una vez en la prostitución, se hicieron
adictas y ahora no pueden dejar de ejercerla por el motivo económico.
Es decir, el fenómeno se puede dar también a la inversa.
Nos encontramos con mujeres que fueron inducidas
por sus parejas. Algunas por motivos económicos (las mujeres casadas
a la que antes nos referíamos ) y también se puede dar el
caso de mujeres que formaron parejas con hombres que ya estaban en el mundo
de la prostitución (hecho éste que ellas desconocían),
y que posteriormente las obligaron a ejercer.
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CAUSA
DEMANTENIMIENTO
EN LA PROSTITUCIÓN |
No
tener otro tipo de ingresos |
67,4% |
 |
Drogadicción |
21,7% |
 |
Otras |
10,8% |
La razón económica sigue siendo un
factor de peso para el mantenimiento en la prostitución, seguida
de las que por razones de drogodependencia necesitan conseguir dinero rápido
para el consumo.
Existe un alto porcentaje de mujeres que viven
en casa propia o de alquiler (54,3 %), esto lo podemos observar entre las
que llevan muchos años ejerciendo y han conseguido acceder a ellas,
aquí también incluimos a las que viven con sus familias. En
este grupo se encuentran las de mayor edad. Le siguen las que viven en pensiones
y en la calle, normalmente son drogodependientes y de edades más
jóvenes. Un porcentaje más bajo vive en albergues, estas también
suelen ser drogodependientes y jóvenes.
Los hijos de estas mujeres en un alto porcentaje
no superan los 14 años de edad.
CONCLUSIONES.
A lo largo de los siglos la prostitución
ha sido un fenómeno que ha estado prohibido, reglamentado o tolerado.
La prostituta ha sido considerada como pecadora, desviada, degenerada,
delincuente (tesis lombrosianas), víctimas del medio social, etc.
Hoy día existe un debate abierto sobre la conveniencia o no de
considerar a la prostituta como una trabajadora y a la prostitución
como un trabajo más (con sus regulaciones y sus derechos laborales)
dentro del amplio abanico de profesiones a las que cualquier persona puede
optar. No vamos a entrar aquí a debatir estas posiciones, que bien
pudieran ser objeto de un análisis más exhaustivo en otro
momento.
Lo cierto es que, en la actualidad, las mujeres
que ejercen la prostitución llamada “marginal”, que
es a la que me he referido a lo largo de esta exposición, se encuentran
en situaciones que lejos están de poder ser consideradas como trabajadoras,
máxime cuando el trabajo lo recoge nuestra Constitución
como un derecho fundamental en su artículo 35: “ Todos los
españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo,
a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción
a través del trabajo y a una remuneración suficiente para
satisfacer sus necesidades y las de su familia”.
La mujer prostituida no está en esta situación
por una libre elección y la prostitución no es un medio
que promocione a la mujer que en ella se encuentra.
Ante esta realidad que seguimos viviendo en este nuevo milenio,
se imponen nuevas actuaciones de prevención, tanto de poderes públicos
como de iniciativa social; mecanismos de actuaciones sociales,
sanitarios, legales, económicos, etc., que permitan a las mujeres
prostituidas poder vivir libremente y con dignidad fuera del mundo de
esclavitud, de pobreza y marginación que supone la prostitución.
BIBLIOGRAFÍA
- CÁRITAS DIOCESANA DE ZARAGOZA. La prostitución en la
calle. Zaragoza, 1996.
- CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA. 1978
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- RIVIÉRE GÓMEZ, A. “Caídas, Miserables, Degeneradas”.
Estudio sobre la prostitución en el siglo XIX. Horas y horas. Madrid,
1994.
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