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En este artículo
exponemos el modelo de intervención psicosocial que hemos seguido
en el Taller de Promoción de la Mujer de Cáritas Diocesana
de Granada, basado en un trabajo multidisciplinar. Desde ambas perspectivas,
social y psicológica, llevamos a cabo una intervención individual
basada la primera, en el Modelo de Intervención de Cristina de
Robertis, y la segunda, en la Terapia de Valoración Cognitiva (TVC).
En este artículo damos repaso a la metodología que hemos
seguido y a los buenos resultados logrados.
INTRODUCCIÓN
En los últimos años ha cambiado
la perspectiva desde la que se enfoca la problemática de la mujer.
La puesta en discusión de la supremacía masculina como fundamento
único de la sociedad y la cultura, permitió desvelar la
situación discriminada de la mujer, algo hasta entonces ignorado,
o lo que es peor, carente de interés social. Actualmente, las mujeres
en su relación con la educación y con el trabajo, con la
economía y la política, con el consumo y el ocio, con la
droga y la delincuencia, con la complejidad de facetas que ofrece la problemática
social, ocupan y preocupan. Y uno de los temas más recientemente
incorporados a esta problemática ha sido la relación entre
las mujeres y la pobreza.
Podemos afirmar que la pobreza tiene género,
y lo tiene porque las tasas de actividad femenina en España son
las más bajas de Europa, el salario de las mujeres en iguales trabajos
son un 18 % menor al de los varones, y porque el paro de larga duración
afecta a un 56 % del total de mujeres frente al 38 % de los hombres. Además
la pobreza de las mujeres es una pobreza encubierta, invisibilizada bajo
la estructura familiar, y vinculada a la situación de dependencia
afectiva y económica con los varones, a ser perceptora de una menor
protección social y recursos para combatir la pobreza y, a la mayor
responsabilidad delegada o asumida por las mujeres en la gestión
de recursos escasos: aumento del trabajo no remunerado y búsqueda
de apoyo social externo.
El empobrecimiento de las mujeres no se
debe sólo a factores económicos sino que existen otros elementos
sociales-culturales que están incidiendo en él de forma
interrelacionada.
Esta relación entre las mujeres y
la pobreza ha llevado a acuñar el término “feminización
de la pobreza”, término que significa que la proporción
de mujeres sobre el total de los pobres ha aumentado. La pobreza conduce
a la mujer al máximo grado de dependencia e influye negativamente
en todas las esferas de su vida: degradación física y emocional;
quebrantamiento de la salud; estrés; depresión; recortes
en los gastos de la vivienda, comida y ropa; reducción del número
de amigos, ya que no disponen de medios o lugares para atenderlos; deterioro
de las relaciones con la familia y otras personas próximas; imposibilidad
de acceso a los lugares de diversión, actos u objetos de tipo cultural;
necesidad de recurrir continuamente a los servicios sociales por la necesidad
de hacer frente al pago de muchas de las necesidades básicas.
Si tenemos en cuenta la distribución
de ingresos parece que existe un diferencial desfavorable a las mujeres,
que presentan porcentajes de población notablemente más
elevados en el estrato de rentas más bajas, un 7,8 % del total
en el caso de los varones y casi el 30 % en las mujeres.
En cuanto a la relación mujer-trabajo,
la carencia de un trabajo remunerado constituye aún uno de los
principales índices de pobreza. El paro lo sufren especialmente
las mujeres; de cada tres parados, dos son mujeres. A esto se une la falta
de cualificación profesional y el bajo o nulo nivel cultural lo
que hace que las mujeres sigan dependiendo económicamente del hombre
para poder subsistir y en ausencia de estos, de las ayudas de instituciones
tanto públicas como privadas. Esta realidad condena a las mujeres
a vivir permanentemente en situaciones de dependencia, bien del varón,
bien de los recursos institucionales. Existen indicios suficientes para
poder afirmar que los cambios en el mercado laboral en la última
década han afectado de un modo más negativo a las mujeres,
con un aumento mayor de su tasa de paro y un menor crecimiento relativo
de sus salarios reales.
Por otra parte, también el nivel
educativo está en estrecha relación, tanto con el grado
de participación en el mercado laboral como con el tipo de ocupación
y las condiciones laborales. El aumento del nivel educativo se traduce
en una mayor propensión a entrar en el mundo del trabajo.
Las causas que llevan a una mujer a entrar
en el mundo de la pobreza son diversas, no sólo factores relacionados
con el empleo - el desempleo, la subocupación, la temporalidad
y la discriminación racial – sino también otros factores
que interrelacionados entre sí abocan a las mujeres a vivir situaciones
de marginación y pobreza.
Uno de estos factores es el gran aumento de familias
monoparentales, hogares cuyo sustentador principal es una mujer, integrados
en un porcentaje importante por personas mayores de 65 años y mujeres
cabezas de familia (según el Panel de Hogares de la Unión
Europea en casi todos los Estados Miembros cerca del 85 % de familias
monoparentales tenía como sustentador principal a una mujer). Según
datos del Ministerio de Asuntos Sociales, el crecimiento de estos hogares
continuó entre 1990 y 1995, aunque a un ritmo más lento
que en el período previo. Parte de este crecimiento ha estado protagonizado
por los procesos de ruptura familiar, con un notable aumento del porcentaje
de mujeres separadas y divorciadas con hijos a su cargo y con el incremento
también del porcentaje de hogares encabezados por madres solteras.
Esto, unido a la dificultad de la mujer para
reincorporarse o acceder por primera vez al mercado laboral nos dice que
cabe pocas dudas sobre la entrada de la mujer en el mundo de la pobreza.
METODOLOGÍA DE INTERVENCIÓN SOCIAL
Las mujeres con las que intervenimos presentan
una realidad compleja, cambiante y contradictoria, que se refleja en las
demandas que nos plantean y en las problemáticas sociales que presentan.
Como trabajadoras sociales, en nuestra práctica profesional procuramos
responder “a las necesidades sociales básicas de las personas
y a los problemas de la sociedad” Desde esta perspectiva queremos
señalar el cómo a través del Trabajo Social respondemos
a las necesidades demandadas por las mujeres con las cuales trabajamos
en el Taller de Promoción de Cáritas Diocesana de Granada.
Nuestra práctica tiene como marco
conceptual el Modelo de Intervención según Cristina de Robertis,
intervención que llevamos a cabo a nivel individual. Basándonos
en este Modelo actuamos como “agentes de cambio” (cambios
personales, familiares, sociales), determinando los objetivos precisos
que se quieren alcanzar y los medios para lograrlos. Destacar que las
mujeres son protagonistas de su propio proceso de cambio y que juntos
(profesional – usuaria) señalamos los objetivos, las acciones
y evaluamos la intervención.
Partimos del principio de que la mujer “no
puede participar activamente en la historia, en la sociedad, en la transformación
de su realidad si no se le ayuda a tomar conciencia de la misma y de su
propia capacidad para transformarla”.
Pensamos que la realidad no puede ser modificada
hasta que la mujer no descubre que es modificable y que ella puede hacerlo,
a partir de aquí y a través de nuestra acción procuramos
provocar en ellas una actitud crítica, de reflexión, que
comprometa a la acción y por consiguiente al cambio.
Cuando una mujer decide acudir al Trabajador
Social ha atravesado por varias fases, se ha enfrentado a un problema
y lo siente como necesidad. Ha tomado conciencia del mismo y solicita
ayuda. Hasta aquí la mujer ha recorrido parte del camino, está
en movimiento, aunque con sentimientos de miedo, de angustia, etc.
El Taller de Promoción nace después
de un estudio de la realidad, donde constatamos que el 90 % de las demandas
eran hechas por mujeres. En un primer momento (demanda explícita)
la petición está centrada en el tema económico, aunque
esta demanda trae consigo una demanda implícita: problemas psicológicos,
malos tratos, baja autoestima, dificultad para afrontar las situaciones
de crisis en las que se encuentran, separaciones, dificultad para acceder
al mercado laboral, etc.
Las mujeres que acuden a solicitar ayuda
tienen cargas familiares, deficiencias en su autoestima y de valoración
de su aportación personal, poca o nula cualificación profesional
y carencias en habilidades sociales que les permita afrontar las relaciones
interpersonales y sociales para superar sus deficiencias y el aumento
de la calidad de sus vidas.
Desde esta realidad, entendimos la urgencia
de una acción de promoción y desarrollo integral de este
sector de la población, tan desfavorecido y excluido socialmente.
Si solamente tratamos de resolver las carencias económicas haríamos
un flaco favor a la consecución de una sociedad más justa
e igualitaria. Por ello, la cobertura de las carencias económicas
debe ir acompañada de acciones que doten a las mujeres de recursos
que les permita el logro de su autonomía personal y económica.
Entre las características que presentan
estas mujeres destacar:
- Forman familias monoparentales
con una media de dos hijos.
- Poseen bajo o nulo nivel cultural.
- Carecen de cualificación
profesional.
- Ausencia de hábitos
normalizados.
- Tienen poca ayuda de la familia
extensa (teniendo en cuanta que la familia extensa presenta las mismas
patologías
sociales)
- En un gran número presentan
problemáticas de malos tratos.
- Precariedad económica.
Para dar respuesta a esta problemática
nace el Taller de Promoción con el objeto de llevar a cabo una
intervención global con el colectivo de mujeres excluidas socialmente.
El Taller consta de dos fases complementarias
entre sí. Fase de Promoción y Fase de Especialización.
En la primera fase las mujeres acceden desde
el Servicio de Atención Primaria después de un estudio y
valoración del caso. En esta fase hay actividades diversas: taller
de cocina, de alfabetización, de costura, de habilidades sociales,
terapias de grupo, charlas culturales, vídeo forum, salidas culturales,
visitas a recursos de la zona, etc. La permanencia aquí oscila
entre seis meses y un año y perciben una beca salario.
En la segunda fase, de Especialización,
se encuentran las mujeres procedentes de la primera fase (o bien pueden
pasar directamente del Servicio de Atención Primaria), que estén
preparadas para realizar trabajos de confección y arreglos de ropa.
El objetivo de esta segunda fase es el autoempleo.
En cuanto al Equipo de Trabajo, coordinado
por una Trabajadora Social, está compuesto por personal contratado
y voluntario, entre ellos: trabajadores sociales, monitores, pedagogos
y diplomados en magisterio, psicólogos, modistas, etc. Todo esto
desde un enfoque interdisciplinar, donde como señala Montserrat
Colomer “estamos (todo el equipo) ante un objetivo común,
en una posición igualitaria pero diferente por el tipo de información
que pueden aportar y la intervención que puede realizar”.
Partimos que el rol del Trabajador Social como
coordinador del equipo es el de posibilitar la integración y cohesión
del mismo, favoreciendo una comunicación fluida entre todos los
miembros; así como el de facilitar recursos, tanto humanos como
materiales; favorecer la participación de todos y cada uno de los
miembros y llevar a cabo un sistema de evaluación de la intervención,
que permita alcanzar el perfeccionamiento del trabajo realizado y el alcance
de los objetivos propuestos.
Los Objetivos que el Taller persigue son:
- Abordar procesos de
socialización.
- Hacer emerger, verbalizar
la demanda latente de las mujeres.
- Ofrecer las becas salarios
como forma de dignificar la ayuda económica.
- Despertar la motivación,
favorecer la autonomía económica e incentivar hacia el trabajo.
- Promover la adquisición
de una autoestima y un conocimiento de sus propias potencialidades.
- Construir una dinámica
grupal basada en la cooperación y la ayuda mutua entre las mujeres.
- Impulsar la búsqueda
de “espacios propios” (formativos, ocupacionales, lúdicos...)
que favorezcan la promoción
y el desarrollo personal de las mujeres.
- Confeccionar un Plan
de Trabajo Personalizado con cada una de ellas, que facilite la elaboración
de sus proyectos
vitales.
En la primera entrevista (la acogida) que
realizamos a las mujeres que llegan al taller constatamos que la demanda
explícita es muy concreta y muy de nivel inmediato: dinero para
el pago de necesidades básicas (alquiler, agua, luz, etc.); problemas
con algún miembro de la familia (toxicomanía, paro, encarcelamiento
del marido y/o hijo, etc.). Sin embargo existe en ellas una demanda latente
que en este momento no siempre expresan (o bien no detectamos).
Esta demanda comenzará a aflorar
en la medida en que vayamos profundizando en la problemática que
en un principio nos plantean. En las sucesivas entrevistas va emergiendo
de forma cada vez más clara y concreta la verbalización
de su demanda personal (baja autoestima, inseguridad, malos tratos, sentimientos
de rechazo, falta de afectividad, otras). A partir de este momento el
equipo (trabajadores sociales, psicólogo, monitores) realiza un
análisis de la situación y junto con la mujer elabora lo
que llamamos el Plan de Trabajo Personalizado, es decir, comenzamos la
intervención individual propiamente dicha.
Consideramos importante que la mujer se
sienta parte de su propio proceso, que sienta la necesidad del cambio
y que experimente como suyos los logros alcanzados.
A lo largo de todo el tiempo de permanencia
en el taller vamos evaluando las acciones realizadas, los avances, los
retrocesos, en definitiva las diferente respuestas a las diferentes acciones
que desde el comienzo se planificaron. Todo esta metodología se
va desarrollando en las reuniones quincenales que todo el equipo mantenemos.
INTERVENCIÓN PSICOLÓGICA
Desde la primera vez que nos enfrentamos
al hecho de trabajar con mujeres de sectores sociales desfavorecidos,
nos dimos cuenta que necesitaban una intervención especialmente
diseñada para ellas. Aunque no presentaban, en líneas generales,
graves trastornos sí que mostraban una baja autoestima y un mal
autoconcepto. Hablando con ellas, compartiendo experiencias, descubrimos
que sus problemas, en gran medida, residían de una concepción
bastante negativa de ellas mismas, concepción originada en las
desigualdades sociales, desigualdades entre los dos sexos y mantenida
por justificaciones sostenidas por el contexto social en que se desenvuelven.
El papel secundario de la mujer respecto del varón en sus contextos,
las hacía sentir, intrínsecamente, menos valiosas y menos
dignas de estima. Nos planteamos crear una intervención para estas
mujeres, una intervención evidentemente femenina que analizase
estas concepciones, su origen y promoviese su superación.
En las mujeres de sectores sociales desfavorecidos,
hemos encontrado unos niveles bastante bajos de autoestima, así
como unos autoconceptos bastante negativos. Se trata de mujeres con muy
baja escolarización que no conocen más visión del
mundo y de las relaciones que la imperante en su contexto social. La ausencia
de educación imposibilita que cuenten con otros modelos de referencia
que les ayuden a cuestionar los roles que les han sido asignados. Partiendo
de este hecho y de nuestra concepción de autoconcepto y autoestima,
hemos elaborado un método de intervención basado en la reeducación,
en el cuestionamiento de los roles asignados a la mujer en su contexto
social (mediante el análisis histórico-social de los mismos)
y el ofrecimiento de alternativas a sus cogniciones desadaptativas.
Se trata en definitiva, de un procedimiento
específico para mujeres (de determinado estrato social) con finalidades
educativas en el que se ofrece una orientación y el apoyo necesario
para desarrollar habilidades críticas con el contexto y sus concepciones,
aumentar la capacidad discursiva de nuestras usuarias y suplir las carencias
que en estas mujeres (y en este terreno concreto) origina una menor educación
que la recibida por mujeres de diferentes contextos sociales. En este
artículo explicamos este procedimiento.
No vamos a entrar en este artículo
a explicar aquí como establecemos una apropiada comunicación
con nuestras usuarias (suponemos que los lectores saben de sobra cómo
establecer un buen nivel de rapport), sino que entraremos de pleno en
la explicación del método que empleamos, siendo el principal
momento del mismo, la detección de cogniciones desadaptativas.
1.1 La detección de cogniciones
desadaptativas.
Hemos detectado numerosas cogniciones que
resultan desadaptativas para las mujeres. Para ello, recurrimos a un método
relativamente simple. Planteamos un tema: familia, relaciones de pareja,
el trabajo fuera de casa, etc., siempre un tema en el que sepamos que
nuestras mujeres (sino todas, gran parte), tienen problemas. Les pedimos
que nos cuenten dificultades que tienen en estas áreas y situaciones
relacionadas que las hagan sentir mal. Si aparecen bloqueos recurrimos
a procedimientos que los evitan, fundamentalmente dos: que escriban lo
que piensan o los problemas que tienen, para ser leídos por el
terapeuta garantizando el anonimato de quien lo ha escrito y un segundo
procedimiento al que llamamos "le pasa a una amiga". Hemos comprobado
que cuando pedimos que nos cuenten los problemas que tiene, en relación
al área tratada, alguien que conozcan, las usuarias, suelen expresar
sus propias dificultades aprovechando el anonimato que les garantiza que
"le pase a otra persona". Evidentemente, en el tratamiento individualizado,
todas las máscaras se eliminan, pero durante la terapia grupal,
hemos conseguido con estos procedimientos establecer un flujo comunicativo
usuaria-terapeuta libre de bloqueos.
A partir de aquí, aparecen los sentimientos,
percepciones y pensamientos que las mujeres experimentan en un contexto
determinado y que suelen ser bastante desadaptativos. Para no ser demasiado
cansinos, pasaremos a sistematizar estas cogniciones. Fundamentalmente,
hemos hallado de dos tipos:
• Cogniciones que denotan desigualdad
entre los sexos (en perjuicio del femenino)
• Cogniciones acerca del rol que corresponde
a la mujer.
Entre las primeras, hemos encontrado cogniciones
y reglas personales de vida (Wessler y Hankin-Wessler, 1991) tales como
"la mujer es menos inteligente que el hombre" o "el hombre
es más fuerte que la mujer y eso le capacita mejor para la vida".
Entre las segundas encontramos ejemplos como:
"la mujer debe satisfacer siempre a su marido", "el lugar
natural de la mujer es la casa", "el trabajo en casa, no es
trabajo" o "el papel natural de la mujer es la maternidad".
Aunque a muchos de nosotros nos pueden parecer
más que superados estos modos de pensar, para estar mujeres, con
una escasa educación y, por tanto, poca capacidad crítica,
son poco menos que "dogmas de fe" que gobiernan la vida en sus
contextos sociales , confiriéndoles un papel siempre secundario
y poco alentador.
Lo importante en este momento es tener presente
que las mujeres se perciben, debido a estas cogniciones, de un modo bastante
negativo, ya que "son inferiores a los hombres y su papel, no es
realmente importante". El cabeza de familia, el que aporta el sustento,
de quien depende la buena marcha de todo, es el varón, nunca ella.
Si sus cogniciones las sitúan en un lugar secundario e irrelevante
en numerosos casos (en comparación con el varón), no nos
sorprende que sus autoconceptos sean negativos y tengan una baja autoestima.
1.2 El Análisis Histórico-social
Una vez detectadas las cogniciones que resultan
desadaptativas y que originan un autoconcepto negativo, procedemos a trabajar
sobre ellas mediante un proceso educativo que implica un cuestionamiento
de tales cogniciones apoyado en un análisis de tipo social basado
en el estudio de la historia en numerosas ocasiones. Por decirlo de un
modo sencillo, nuestro trabajo resalta el aspecto desajustador de ciertas
cogniciones que comparte un grupo social e intentamos ofrecer alternativas
a estas cogniciones mediante la reeducación. Es muy sencillo, pero
ha ofrecido resultados muy positivos.
Para este análisis Histórico-social,
nos remontamos en la historia al momento en que se originó determinada
cognición o un rol concreto. Analizamos sus causas y observamos
que en el origen del mismo está, casi siempre, un condicionante
económico, de poder o similar . Evidentemente, nos apoyamos en
el trabajo de antropólog@s e historiador@s. Una vez analizado el
origen histórico-social de las cogniciones a tratar, planteamos
alternativas, tras facilitar la comprensión del hecho histórico
en sí. A partir de este momento, las mujeres ya son capaces de
manejar argumentos en contra de sus propias cogniciones y son capaces,
por sí mismas y apoyadas en el terapeuta, de encontrar cogniciones
alternativas que resulten mejores para su autoconcepto y que permitan
una mejora de su autoestima.
1.3 Los Resultados
A partir de este momento, empiezan a ver claro
que determinadas concepciones que las hacen sentir menos valiosas no se
les aplica por el mero hecho de ser mujeres, sino por ser mujeres en esta
sociedad concreta y que, por tanto, podrían ser de otra forma.
Además, estas concepciones parten de un momento histórico
en el que la sociedad era muy distinta a la actual y que, por tanto, son
reminiscencias de un momento que no tiene ninguna vigencia en la actualidad.
A continuación y apoyados en el trabajo de monitora y trabajadora
social, se orienta a las mujeres para que recurran a asociaciones de mujeres,
delegaciones del Instituto de la Mujer, etc., donde se verán reforzadas
en sus nuevas concepciones y en su nuevo modo de ver el mundo y las relaciones
con los demás.
Trabajamos concepciones asociadas a áreas
como las relaciones familiares, las relaciones sentimentales, la crianza
de los hijos, el reparto de tareas en el hogar, etc. siempre siguiendo
el mismo proceso: detección de las concepciones, análisis
histórico-social de las mismas, planteamiento de alternativas y
comprensión de la no vigencia de las mismas en la sociedad actual.
A partir de esto, las mujeres comienzan a desarrollar una visión
diferente de ellas mismas, visión en la que se consideran más
valiosas, más importantes, más capaces y más autónomas.
Comienza un proceso de cuestionamiento de sus anteriores concepciones
desadaptativas y aparecen visiones de sí mismas más positivas.
Con esto, su autoconcepto mejora notablemente y por ende, su autoestima.
Además, se les refuerza directamente (apoyo, alabanza, etc. como
en cualquier terapia) y mediante el contacto con asociaciones y/o colectivos
que les puedan resultar de interés.
Empleando un lenguaje sencillo y promoviendo el
debate y la participación de las mujeres, analizando las concepciones
que durante este debate emergen, hemos conseguido avances notables y mejoras
tanto en sus autoconceptos como en su autoestima.
Del mismo modo, hemos logrado progresos en su
autonomía personal de manera que han encontrado trabajo el 65%,
han superado conflictos familiares el 70%, y manifiestan encontrarse más
a gusto consigo mismas y tener una mejor imagen propia el 71%, así
como también el 71% manifiesta sentir un afecto más positivo
hacia sí misma.
CONCLUSIONES
Desde el Taller de Promoción de Cáritas
valoramos que el trabajo multidisciplinar para la intervención
con mujeres de sectores sociales desfavorecidos es uno de los instrumentos
más eficaces para facilitar los procesos de integración
social y de recuperación personal. Desde nuestro trabajar junto
a este grupo de mujeres constatamos la importancia de una buena coordinación,
lo que va a dar lugar a mejores respuestas y a mejores resultados. Otro
dato importante a tener en cuenta es la participación que las mujeres
tienen en todo el proceso, participación que potenciamos ya que
consideramos prioritario que la mujer se sienta parte de su propio proceso,
que sienta la necesidad del cambio y que experimente como suyos los logros
alcanzados, sólo así nuestra intervención, o mejor
dicho la intervención de todas y cada una de las mujeres que pasan
por el Taller será un éxito.
BIBLIOGRAFÍA
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de Conducta (pags. 555-579); Madrid, Siglo XXI de España Editores.
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