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En este artículo
exponemos el modelo de intervención psicosocial que hemos seguido
en el Taller de Promoción de la Mujer de Cáritas Diocesana
de Granada, basado en un trabajo multidisciplinar. Desde ambas perspectivas,
social y psicológica, llevamos a cabo una intervención individual
basada la primera, en el Modelo de Intervención de Cristina de
Robertis, y la segunda, en la Terapia de Valoración Cognitiva (TVC).
En este artículo damos repaso a la metodología que hemos
seguido.
En los últimos años ha cambiado
la perspectiva desde la que se enfoca la problemática de la mujer.
La puesta en discusión de la supremacía masculina como fundamento
único de la sociedad y la cultura, permitió desvelar la
situación discriminada de la mujer, algo hasta entonces ignorado,
o lo que es peor, carente de interés social. Actualmente, las mujeres
en su relación con la educación y con el trabajo, con la
economía y la política, con el consumo y el ocio, con la
droga y la delincuencia, con la complejidad de facetas que ofrece la problemática
social, ocupan y preocupan. Y uno de los temas más recientemente
incorporados a esta problemática ha sido la relación entre
las mujeres y la pobreza.
Esta relación entre las mujeres y la pobreza
ha llevado a acuñar el término “feminización
de la pobreza”, término que significa que la proporción
de mujeres sobre el total de los pobres ha aumentado. La pobreza conduce
a la mujer al máximo grado de dependencia e influye negativamente
en todas las esferas de su vida: degradación física y emocional;
quebrantamiento de la salud; estrés; depresión; recortes
en los gastos de la vivienda, comida y ropa; reducción del número
de amigos, ya que no disponen de medios o lugares para atenderlos; deterioro
de las relaciones con la familia y otras personas próximas; imposibilidad
de acceso a los lugares de diversión, actos u objetos de tipo cultural;
necesidad de recurrir continuamente a los servicios sociales por la necesidad
de hacer frente al pago de muchas de las necesidades básicas.
En cuanto a la relación mujer-trabajo,
la carencia de un trabajo remunerado constituye aún uno de los
principales índices de pobreza. El paro lo sufren especialmente
las mujeres; de cada tres parados, dos son mujeres. A esto se une la falta
de cualificación profesional y el bajo o nulo nivel cultural lo
que hace que las mujeres sigan dependiendo económicamente del hombre
para poder subsistir y en ausencia de estos, de las ayudas de instituciones
tanto públicas como privadas. Esta realidad condena a las mujeres
a vivir permanentemente en situaciones de dependencia, bien del varón,
bien de los recursos institucionales.
Existen indicios suficientes para poder afirmar
que los cambios en el mercado laboral en la última década
han afectado de un modo más negativo a las mujeres, con un aumento
mayor de su tasa de paro y un menor crecimiento relativo de sus salarios
reales.
Por otra parte, también el nivel educativo
está en estrecha relación, tanto con el grado de participación
en el mercado laboral como con el tipo de ocupación y las condiciones
laborales. El aumento del nivel educativo se traduce en una mayor propensión
a entrar en el mundo del trabajo.
Las causas que llevan a una mujer a entrar en
el mundo de la pobreza son diversas, no sólo factores relacionados
con el empleo - el desempleo, la subocupación, la temporalidad
y la discriminación racial – sino también otros factores
que interrelacionados entre sí abocan a las mujeres a vivir situaciones
de marginación y pobreza.
Uno de estos factores es el gran aumento de familias
monoparentales, hogares cuyo sustentador principal es una mujer, integrados
en un porcentaje importante por personas mayores de 65 años y mujeres
cabezas de familia (según el Panel de Hogares de la Unión
Europea en casi todos los Estados Miembros cerca del 85 % de familias
monoparentales tenía como sustentador principal a una mujer).
Según datos del Ministerio de Asuntos Sociales,
el crecimiento de estos hogares continuó entre 1990 y 1995, aunque
a un ritmo más lento que en el período previo. Parte de
este crecimiento ha estado protagonizado por los procesos de ruptura familiar,
con un notable aumento del porcentaje de mujeres separadas y divorciadas
con hijos a su cargo y con el incremento también del porcentaje
de hogares encabezados por madres solteras.
Ante esta realidad compleja, que presenta gran
número de mujeres, con las cuales trabajamos, nos planteamos la
realización de una intervención integral, específicamente
diseñada para estas mujeres, de cara a responder a las situaciones
de exclusión que presentan. Esta intervención integral se
fundamenta, en la necesidad de intervenir desde la multidisciplinaridad,
para dar respuesta a los diferentes problemas que aparecen. Estos problemas
son de corte social (precariedad económica, dificultad de acceso
al mercado laboral, situación familiar, etc.), psicológico
(baja autoestima, carencia de habilidades sociales, trastornos del estado
de ánimo, etc.), cultural (bajo nivel de escolarización,
etc.), así como carencia de hábitos normalizados y dificultades
para enfrentarse a la vida diaria. Presentamos el método de trabajo
seguido en este programa de intervención.
METODOLOGÍA
Las mujeres con las que intervenimos presentan
una realidad compleja, cambiante y contradictoria, que se refleja en las
demandas que nos plantean y en las problemáticas sociales que presentan.
Como trabajadoras sociales, en nuestra práctica profesional procuramos
responder “a las necesidades sociales básicas de las personas
y a los problemas de la sociedad” 4 Desde esta perspectiva queremos
señalar el cómo a través del Trabajo Social respondemos
a las necesidades demandadas por las mujeres con las cuales trabajamos
en el Taller de Promoción de Cáritas Diocesana de Granada.
1. Sujetos
El Taller de Promoción nace después de
un estudio de la realidad, donde constatamos que el 90 % de las demandas
eran hechas por mujeres. En un primer momento (demanda explícita)
la petición está centrada en el tema económico, aunque
esta demanda trae consigo una demanda implícita: problemas psicológicos,
malos tratos, baja autoestima, dificultad para afrontar las situaciones
de crisis en las que se encuentran, separaciones, dificultad para acceder
al mercado laboral, etc.
Las mujeres que acuden a solicitar ayuda tienen
cargas familiares, deficiencias en su autoestima y de valoración
de su aportación personal, poca o nula cualificación profesional
y carencias en habilidades sociales que les permita afrontar las relaciones
interpersonales y sociales para superar sus deficiencias y el aumento
de la calidad de sus vidas.
Desde esta realidad, entendimos la urgencia de
una acción de promoción y desarrollo integral de este sector
de la población, tan desfavorecido y excluido socialmente. Si solamente
tratamos de resolver las carencias económicas haríamos un
flaco favor a la consecución de una sociedad más justa e
igualitaria.
Por ello, la cobertura de las carencias económicas
debe ir acompañada de acciones que doten a las mujeres de recursos
que les permita el logro de su autonomía personal y económica.
Entre las características que presentan
estas mujeres destacar: forman familias monoparentales con una media de
dos hijos; poseen bajo o nulo nivel cultural; carecen de cualificación
profesional; ausencia de hábitos normalizados; tienen poca ayuda
de la familia extensa (teniendo en cuanta que la familia extensa presenta
las mismas patologías sociales); en un gran número presentan
problemáticas de malos tratos; precariedad económica; y
unos niveles bastante bajos de autoestima, así como unos autoconceptos
bastante negativos.
Se trata de mujeres con muy baja escolarización
que no conocen más visión del mundo y de las relaciones
que la imperante en su contexto social. La ausencia de educación
imposibilita que cuenten con otros modelos de referencia que les ayuden
a cuestionar los roles que les han sido asignados. Partiendo de este hecho
y de nuestra concepción de autoconcepto y autoestima, hemos elaborado
un método de intervención basado en la reeducación,
en el cuestionamiento de los roles asignados a la mujer en su contexto
social (mediante el análisis histórico-social de los mismos)
y el ofrecimiento de alternativas a sus cogniciones desadaptativas.
2. Metodología
Nuestra práctica tiene como marco conceptual
el Modelo de Intervención según Cristina de Robertis, intervención
que llevamos a cabo a nivel individual. Basándonos en este Modelo
actuamos como “agentes de cambio” (cambios
personales, familiares, sociales), determinando los objetivos precisos
que se quieren alcanzar y los medios para lograrlos. Destacar que las
mujeres son protagonistas de su propio proceso de cambio y que juntos
(profesional –
usuaria) señalamos los objetivos, las acciones y evaluamos la intervención,
en la intervención psicológica, como se verá, nos
basamos en el modelo de la Terapia de Valoración Cognitiva (TVC).
2.a. Metodología de intervención social
Partimos del principio de que la mujer “no
puede participar activamente en la historia, en la sociedad, en la transformación
de su realidad si no se le ayuda a tomar conciencia de la misma y de su
propia capacidad paratransformarla”.
Pensamos que la realidad no puede ser modificada
hasta que la mujer no descubre que es modificable y que ella puede hacerlo,
a partir de aquí y a través de nuestra acción procuramos
provocar en ellas una actitud crítica, de reflexión, que
comprometa a la acción y por consiguiente al cambio.
Cuando una mujer decide acudir al Trabajador Social
ha atravesado por varias fases, se ha enfrentado a un problema y lo siente
como necesidad. Ha tomado conciencia del mismo y solicita ayuda. Hasta
aquí la mujer ha recorrido parte del camino, está en movimiento,
aunque con sentimientos de miedo, de angustia, etc.
Para dar respuesta a esta problemática nace
el Taller de Promoción con el objeto de llevar a cabo una intervención
global con el colectivo de mujeres excluidas socialmente.
El Taller consta de dos fases complementarias
entre sí. Fase de Promoción y Fase de Especialización.
En la primera fase las mujeres acceden desde el Servicio de Atención
Primaria después de un estudio y valoración del
caso. En esta fase hay actividades diversas: taller de cocina, de alfabetización,
de costura, de habilidades sociales, terapias de grupo, charlas culturales,
vídeo forum, salidas culturales, visitas a recursos de la zona,
etc. La permanencia aquí oscila entre seis meses y un año
y perciben una beca salario. En la segunda fase, de Especialización,
se encuentran las mujeres procedentes de la primera fase (o bien pueden
pasar directamente del Servicio de Atención Primaria), que estén
preparadas para realizar trabajos de confección y arreglos de ropa.
El objetivo de esta segunda fase es el autoempleo.
En cuanto al Equipo de Trabajo, coordinado por una Trabajadora Social,
está compuesto por personal contratado y voluntario, entre ellos:
trabajadores sociales, psicólogos, monitores, pedagogos y diplomados
en magisterio, modistas, etc. Todo esto desde un enfoque interdisciplinar,
donde como señala Montserrat Colomer “estamos (todo el equipo)
ante un objetivo común, en una posición igualitaria pero
diferente por el tipo de información que pueden aportar y la intervención
que puede realizar”.
Partimos que el rol del Trabajador Social como
coordinador del equipo es el de posibilitar la integración y cohesión
del mismo, favoreciendo una comunicación fluida entre todos los
miembros; así como el de facilitar recursos, tanto humanos como
materiales; favorecer la participación de todos y cada uno de los
miembros y llevar a cabo un sistema de evaluación de la intervención,
que permita alcanzar el perfeccionamiento del trabajo realizado y el alcance
de los objetivos propuestos.
Los Objetivos que el Taller persigue son: abordar procesos
de socialización; hacer emerger, verbalizar la demanda latente
de las mujeres; ofrecer las becas salarios como forma de dignificar la
ayuda económica; despertar la motivación, favorecer la autonomía
económica e incentivar hacia el trabajo; promover la adquisición
de una autoestima y un conocimiento de sus propias potencialidades; construir
una dinámica grupal basada en la cooperación y la ayuda
mutua entre las mujeres; impulsar la búsqueda de “espacios
propios” (formativos, ocupacionales, lúdicos...) que favorezcan
la promoción y el desarrollo personal de las mujeres y confeccionar
un Plan de Trabajo Personalizado con cada una de ellas, que facilite la
elaboración de sus proyectos vitales.
En la primera entrevista (la acogida) que realizamos
a las mujeres que llegan al taller constatamos que la demanda explícita
es muy concreta y muy de nivel inmediato: dinero para el pago de necesidades
básicas (alquiler, agua, luz, etc.); problemas con algún miembro
de la familia (toxicomanía, paro, encarcelamiento del marido y/o
hijo, etc.). Sin embargo existe en ellas una demanda latente que en este
momento no siempre expresan (o bien no detectamos).
Esta demanda comenzará a aflorar en la medida
en que vayamos profundizando en la problemática que en un principio
nos plantean. En las sucesivas entrevistas va emergiendo de forma cada
vez más clara y concreta la verbalización de su demanda
personal (baja autoestima, inseguridad, malos tratos, sentimientos de
rechazo, falta de afectividad, otras). A partir de este momento el equipo
(trabajadores sociales, psicólogo, monitores) realiza un análisis
de la situación y junto con la mujer elabora lo que llamamos el
Plan de Trabajo Personalizado, es decir, comenzamos la intervención
individual propiamente dicha.
Consideramos importante que la mujer se sienta parte
de su propio proceso, que sienta la necesidad del cambio y que experimente
como suyos los logros alcanzados. A lo largo de todo el tiempo de permanencia
en el taller vamos evaluando las acciones realizadas, los avances, los
retrocesos, en definitiva las diferente respuestas a las diferentes acciones
que desde el comienzo se planificaron. Todo esta metodología se
va desarrollando en las reuniones quincenales que todo el equipo mantenemos.
2.b. Intervención Psicológica
La intervención psicológica tiene
dos momentos fundamentales: la detección de las cogniciones desadaptativas
en las mujeres con las que trabajamos y el análisis histórico-social
que es la piedra angular de toda nuestra intervención.
2.b.1. La detección de cogniciones
desadaptativas.
Hemos detectado numerosas cogniciones que resultan
desadaptativas para las mujeres. Para ello, recurrimos a un método
relativamente simple. Planteamos un tema de discusión en el que
sepamos que nuestras mujeres tienen problemas. Les pedimos que nos cuenten
dificultades que tienen en estas áreas y situaciones relacionadas
que las hagan sentir mal. A partir de aquí, aparecen los sentimientos,
percepciones y pensamientos que las mujeres experimentan en un contexto
determinado y que suelen ser bastante desadaptativos. Para no ser demasiado
cansinos, pasaremos a sistematizar estas cogniciones.
Fundamentalmente, hemos hallado de dos tipos:
cogniciones que denotan desigualdad entre los sexos (en perjuicio del
femenino) y cogniciones acerca del rol que corresponde a la mujer.
Entre las primeras, hemos encontrado cogniciones y reglas personales de
vida (Wessler y Hankin-Wessler, 1991) tales como "la mujer es menos
inteligente que el hombre", entre las segundas encontramos ejemplos
como: "la mujer debe satisfacer siempre a su marido".
Lo importante en este momento es tener presente que las mujeres
se perciben, debido a estas cogniciones, de un modo bastante negativo,
ya que "son inferiores a los hombres y su papel, no es realmente
importante". El cabeza de familia, el que aporta el sustento, de
quien depende la buena marcha de todo, es el varón, nunca ella.
Si sus cogniciones las sitúan en un lugar secundario e irrelevante
en numerosos casos (en comparación con el varón), no nos
sorprende que sus autoconceptos sean negativos y tengan una baja autoestima.
2.b.2. El Análisis Histórico-social.
Una vez detectadas las cogniciones que resultan
desadaptativas y que originan un autoconcepto negativo, procedemos a trabajar
sobre ellas mediante un proceso educativo que implica un cuestionamiento
de tales cogniciones apoyado en un análisis de tipo social basado
en el estudio de la historia en numerosas ocasiones e intentamos ofrecer
alternativas a estas cogniciones mediante la reeducación. Es muy
sencillo, pero ha ofrecido resultados muy positivos.
Para este análisis histórico-social,
nos remontamos en la historia al momento en que se originó determinada
cognición o un rol concreto. Analizamos sus causas y observamos
que en el origen del mismo está, casi
siempre, un condicionante económico, de poder o similar7. Evidentemente,
nos apoyamos en el trabajo de antropólog@s e historiador@s. Una
vez analizado el origen histórico-social de las cogniciones a tratar,
planteamos alternativas, tras facilitar la comprensión del hecho
histórico en sí. A partir de este momento, las mujeres ya
son capaces de manejar argumentos en contra de sus propias cogniciones
y son capaces, por sí mismas y apoyadas en el terapeuta, de encontrar
cogniciones alternativas que resulten mejores para su autoconcepto y que
permitan una mejora de su autoestima.
Continuamos el trabajo con un proceso de reforzamiento
positivo de las nuevas cogniciones.
RESULTADOS
A partir de este momento, empiezan a ver claro
que determinadas concepciones que las hacen sentir menos valiosas no se
les aplica por el mero hecho de ser mujeres, sino por ser mujeres en esta
sociedad concreta y que, por tanto, podrían ser de otra forma.
Además, estas concepciones parten de un momento histórico
en el que la sociedad era muy distinta a la actual y que, por tanto, son
reminiscencias de un momento que no tiene ninguna vigencia en la actualidad.
A continuación y apoyados en el trabajo de monitora y trabajadora
social, se orienta a las mujeres para que recurran a asociaciones de mujeres,
delegaciones del Instituto de la Mujer, etc., donde se verán reforzadas
en sus nuevas concepciones y en su nuevo modo de ver el mundo y las relaciones
con los demás.
Trabajamos concepciones asociadas a áreas
como las relaciones familiares, las relaciones sentimentales, la crianza
de los hijos, el reparto de tareas en el hogar, etc. siempre siguiendo
el mismo proceso: detección de las
concepciones, análisis histórico-social de las mismas, planteamiento
de alternativas y comprensión de la no vigencia de las mismas en
la sociedad actual.
A partir de esto, las mujeres comienzan a desarrollar
una visión diferente de ellas mismas, visión en la que se
consideran más valiosas, más importantes, más capaces
y más autónomas. Comienza un proceso de cuestionamiento
de sus anteriores concepciones desadaptativas y aparecen visiones de sí
mismas más positivas. Con esto, su autoconcepto mejora notablemente
y por ende, su autoestima. Además, se les refuerza directamente
(apoyo, alabanza, etc. como en cualquier terapia) y mediante el contacto
con asociaciones y/o colectivos que les puedan resultar de interés.
Empleando un lenguaje sencillo y promoviendo el debate
y la participación
de las mujeres, analizando las concepciones que durante este debate emergen,
hemos conseguido avances notables y mejoras tanto en sus autoconceptos
como en su autoestima. Del mismo modo, hemos logrado progresos en su autonomía
personal de manera que han encontrado trabajo el 65%, han superado conflictos
familiares el 70%, y manifiestan encontrarse más a gusto consigo
mismas y tener una mejor imagen propia el 71%, así como también
el 71% manifiesta sentir un afecto más positivo hacia sí
misma.
CONCLUSIONES
Desde el Taller de Promoción de Cáritas
valoramos que el trabajo multidisciplinar para la intervención
con mujeres de sectores sociales desfavorecidos es uno de los instrumentos
más eficaces para facilitar los procesos de integración
social y de recuperación personal. Desde nuestro trabajar junto
a este grupo de mujeres constatamos la importancia de una buena coordinación,
lo que va a dar lugar a mejores respuestas y a mejores resultados.
Otro dato importante a tener en cuenta es la
participación que las mujeres tienen en todo el proceso, participación
que potenciamos ya que consideramos prioritario que la mujer se sienta
protagonista de este proceso, que sienta la necesidad del cambio y que
experimente como suyos los logros alcanzados, sólo así nuestra
intervención, o mejor dicho la intervención de todas y cada
una de las mujeres que pasan por este programa, será eficaz.
BIBLIOGRAFÍA
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nº 105 Mujer. Octubre – Diciembre 1996. Madrid.
- Cáritas Española. Pistas para una acción socio-educativa
con mujeres en situación de exclusión. Madrid, 1999.
- De Robertis, Cristina. Metodología de la intervención
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- Escartín Caparrós, Mª José. Manual de Trabajo
Social. Modelos de práctica profesional. Ed. Aguaclara.
- Freire, Pablo. Concientización. Ed. Búsqueda, Argentina,
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- Fundación Foessa Las condiciones de vida de la población
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- Harris, M., (1985). Culture, People, Nature. An Introduction to General
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- Pascal, H. y De Robertis,C. La intervención colectiva en trabajo
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Cognitiva. En Caballo, V. E. Manual de Técnicas de Terapia y Modificación
de Conducta (pags. 555-579); Madrid, Siglo XXI de España Editores.
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